Conversación con el Dr. Steve Box

Conversación con el Dr. Steve BoxInstructor Especial de Zamorano en Ecología Marina y Estudios Costeros.

El Dr. Steve Box dedicó la mayor parte de la década pasada a estudiar la ecología costera de Honduras, y a desarrollar prácticas de manejo sostenible para los arrecifes, la vida marina, y los manglares de los que dependen las comunidades costeras. Originario de Inglaterra, con un Doctorado en Biología de la Universidad de Exeter, Reino Unido, Steve ha estado relacionado con Zamorano desde 2007, cuando empezó a trabajar con estudiantes de pasantía (trimestre de trabajo-estudio).

La afición de Steve por la natación y el esnórquel cuando niño, incitaron su interés por el océano. Obtuvo un título universitario en Biología Marina, de la Universidad de Gales, en Swansea, y siendo todavía alumno de pregrado pasó tres meses y medio realizando un estudio en la Estación de Investigación de Lizard Island, sitio mundialmente reconocido, ubicado en la Gran Barrera de Coral de Australia. Después de graduarse, trabajó durante ocho meses como director de proyecto en una expedición para documentar y mapear la biodiversidad marina alrededor de una de las muchas islas que forman parte de Filipinas. Este trabajo fue crucial en su carrera, ya que Steve descubrió su afinidad por el manejo medioambiental, y desarrolló su apreciación por la importancia del trabajo de extensión comunitaria en las naciones en vías de desarrollo. Cuando Coral Cay Conservation, organización internacional de conservación marina que patrocinaba la expedición, le ofreció financiamiento y apoyo logístico para llevar a cabo su investigación a nivel de doctorado en Honduras, aceptó inmediatamente.

En 2003, Steve se mudó a Roatán, Honduras, e inició su tesis doctoral examinando el impacto de las macroalgas (“pasto marinos carnosos”) sobre poblaciones jóvenes de coral alrededor de las Islas de la Bahía. Siendo uno de los muy pocos biólogos marinos trabajando en aguas hondureñas, comenzó rápidamente a acumular un conocimiento exclusivo y profundo de los ecosistemas y la biodiversidad en el área, y de los complejos problemas que enfrentan las comunidades costeras hondureñas para tratar de sobrevivir sin destruir al mismo tiempo, los recursos de los que dependen.

Al finalizar su investigación, Steve reconoció que si dejaba Honduras, el país perdería una fuente decisiva de conocimiento y experiencia; de manera que cuando una asociación de propietarios de tiendas de buceo de Utila lo abordó con una oferta de capital semilla para crear una organización sin fines de lucro que identificara las causas y ofreciera soluciones para contrarrestar la degradación de los sitios de buceo mundialmente famosos en Utila, Steve se dio cuenta de que tenía una oportunidad importante para lograr un cambio. En 2005, fundó ElUtila Centre for Marine Ecology (UCME o Centro de Ecología Marina de Utila) para “mediar la brecha entre la investigación científica aplicada, y la conservación fundamentada en la comunidad”.

Ese mismo año, Steve fue presentado en Zamorano por su suegro, Jorge Iván Restrepo (Colombiano, Zamorano 1980), fundador del Centro Zamorano para la Biodiversidad. Parecía adecuado incorporar oportunidades de aprendizaje para estudiantes de Zamorano en las actividades del UCME; y en 2007, la organización comenzó a aceptar alumnos para realizar sus pasantías (trimestre independiente de trabajo-estudio) y proyectos para tesis de graduación.

En 2008, el Departamento de Desarrollo Socioeconómico y Ambiente de Zamorano (DSEA) creó una alianza de cooperación con UCME para ofrecer un curso y trabajo práctico sobre estudios costeros para los estudiantes de cuarto año de DSEA: el primer curso académico sobre manejo de zonas costeras ofrecido en Honduras.

A continuación, parte de lo que conversé con el Dr. Steve Box en octubre de 2009 y enero de 2010.

¿Cómo llegó a interesarse en las ciencias marinas?
La compañía para la que trabajaba mi padre nos trasladó a Indonesia cuando yo tenía tres años, y mis papás me llevaban a nadar y a hacer esnórquel. Me encantaba, y aún conservo recuerdos muy vivos de ese tiempo. Luego fui a estudiar a la Universidad de Gales, en Swansea, por el buen prestigio que tenía en el campo de la biología marina. En mi segundo año se confirmó mi destino porque pasé tres meses y medio realizando un estudio de tesis en Lizard Island, en la Gran Barrera Australiana. Ahí es donde los mejores especialistas en arrecifes coralinos acuden para hacer investigación, y logré conocer a algunos de ellos y ver cómo se puede desarrollar una profesión estudiando elementos fascinantes y a la vez útiles.

Tengo entendido que su tesis doctoral le trajo a Honduras. ¿Qué fue lo que estudió?
Sí; vine a investigar la competencia entre los corales jóvenes y las macroalgas, y evalué la manera en que las algas impactan las tasas de crecimiento y sobrevivencia del coral. La dominancia de las algas es un problema mayor para el coral en el Caribe, ya que inhiben su crecimiento y pueden matarlo directamente. Fui el primero en publicar un estudio sobre el impacto de las algas en el crecimiento y sobrevivencia del coral joven.

Cuénteme cómo se enteró de Zamorano por primera vez, y cómo empezó a trabajar con la Escuela.
A final de 2003 conocí a Dana, ahora mi esposa, y poco después conocí a mi suegro, Jorge Iván Restrepo. Él es graduado de Zamorano y ha sido catedrático aquí por muchos años; es un increíble embajador de la Escuela; y en algún momento, probablemente fue en 2005, me llevó a visitar el campus. Me impresionó mucho el lugar, su infraestructura y misión, así como los maestros y el programa académico. Jorge me presentó a la Dra. María Mercedes Roca, que imparte clases y realiza investigación científica aplicada a enfermedades. Ella se dio cuenta de la relación que existe entre nuestras disciplinas y en un momento dado conseguimos que una estudiante realizara su tesis conmigo: Lucía Orantes (Guatemalteca, Generación 2007) estudió durante su pasantía en 2007 el impacto de la sobreexplotación de la pesca del caracol sobre el hábitat marino. Los caracoles son depuradores que retiran algas, desechos y bacterias del ambiente; de manera que la hipótesis era que la sobreexplotación de la pesca crea un ambiente sucio.

Cuénteme un poco acerca de la forma en que se realizó este estudio, y sus resultados.
Teníamos áreas que excluían al caracol, y jaulas en la que el caracol podía deambular y limpiar la arena. Y usamos un instrumento especial que podía examinar la presencia de enterococo, una bacteria asociada a los desechos humanos. En el pasado no se había comprobado que el caracol depurara el hábitat, pero nuestro estudio mostró que el caracol de hecho reduce la cantidad de enterococos en la arena. Lucia produjo muy buenos datos, de manera que si en algún momento repetimos el estudio para verificación, podríamos publicar los hallazgos.

¿Qué sucedió después?
Trabajamos un poco con la Dra. Roca en la enfermedad del amarillamiento letal del cocotero, tomando muestras y ayudando con el análisis. Dado que el coco constituía uno de los pocos recursos con los que contaban las personas en la costa –al menos antes de que esta enfermedad devastara las palmas– tenía sentido para nosotros colaborar. Al mismo tiempo, Arie Sanders, jefe del departamento de DSEA, y yo comenzamos a hablar sobre la conjunción lógica que existe entre nuestro trabajo y los estudios ambientales y el desarrollo comunitario; de manera que en 2008 captamos a dos estudiantes más de DSEA para que hicieran su pasantía. Ambas eran jóvenes bolivianas: irónico, puesto que Bolivia es una nación rodeada sólo por tierra. Las dos estaban bastante entusiasmadas, pero conocían poco sobre ambientes marinos. Una de ellas no sabía nadar y jamás había estado en el mar antes de llegar ahí. Sin embargo, al finalizar sus 15 semanas con nosotros no sólo se habían convertido las dos en expertas nadadoras, sino que también practicaban el buceo. Aprendieron la manera de recolectar un espectro completo de datos ecológicos de solidez científica en diferentes hábitats marinos, y las capacitamos en estadística, además de enseñarles la manera de tomar los datos, analizarlos y aplicarlos. Una de ellas se enfocó en los pastos marinos, y la otra en los manglares; y ambas basaron sus tesis en la información que recolectaron.

Ese fue el mismo año que inició el curso de Estudios Costeros, aunque tengo entendido que el viaje de campo a Utila no se dio.
Así es, desafortunadamente se tuvo que cancelar el viaje ese Noviembre porque hubo una extraordinaria cantidad de lluvia y mal tiempo en Honduras. Les proporcioné a los estudiantes datos de campo similares a los que ellos habrían podido producir durante el viaje, e hicieron sus trabajos basándose en ellos.

La primera semana de octubre de este año tuvimos éxito en el viaje a Utila con los alumnos de DSEA, y desde mi perspectiva me pareció de bastantes buenos resultados. Cuénteme al respecto.
La clase de campo fue fantástica. No estábamos seguros de la manera en que los estudiantes reaccionarían ante un nuevo ambiente de este tipo, pero afrontaron el reto y captaron una cantidad significativa de información en un periodo de tiempo corto; realmente superaron nuestras expectativas. Y le dieron altas calificaciones al curso teórico y de campo en sus evaluaciones de fin de año para el DSEA, de manera que tuvo bastante éxito.

El curso lo llevamos a cabo en “Little Cay,” una isla pequeña en dirección al sur, cerca de East Harbour, Utila. Los alumnos aprendieron zonificación, y observaron directamente que dentro de un diámetro de treinta metros alrededor de la isla existen varios hábitats diferentes. Cuando llegaron pensaban que todo bajo el agua que la rodeaba era igual; pero al final del curso comprendieron la forma en que la exposición, profundidad, movimiento del agua y otros factores pueden crear ambientes muy distintos a sólo unos metros de distancia. Aprendieron la manera de llegar a un sector e identificar las diferentes especies de coral, algas, esponjas, y vida marina dentro de este, y la razón por la cual cada una de ellas favorece un área en particular. Ahora ellos entienden, por ejemplo, la razón por la que una zona tiene ciertos tipos de coral y otra tiene pastos marinos, y qué es lo que recibirá un impacto si cambian los factores ambientales.

¿Qué actividades tuvieron más éxito desde el punto de vista del aprendizaje?
El esnórquel en los manglares fue una de ellas. Aprendieron acerca de los hábitats en los arrecifes alrededor de la isla durante algunos días, y luego llevamos grupos a hacer esnórquel sobre lechos de turtle grass [Thalassia testudinum], y a explorar también un área de los manglares. Se negaban a meterse al agua aparentemente “sucia”, pero pienso que muchos de ellos lo encontraron muy gratificante después de ver de primera mano cómo tantas especies de peces y crustáceos usan este hábitat como criadero.

Observar la otra cara del turismo y el desarrollo fue también para ellos un gran momento de enseñanza. Visitamos un área de manglares donde viven los trabajadores que apoyan el turismo de bajo costo, y donde tienen problemas serios de contaminación, basura y degradación del hábitat. Después de pasar varios días observando arrecifes en buenas condiciones y manglares no afectados, los alumnos vieron la forma en que el turismo y el desarrollo pueden engendrar pobreza, contaminación desmedida y destrucción del entorno. Los estudiantes reaccionaron con una especie de choque, expresando que nunca habían pensado en lo dramático que puede ser este impacto. Nos dividimos en dos grupos para analizar las causas de este problema y las posibles soluciones que están a la mano; y se dieron cuenta de que no hay un remedio rápido y que el desarrollo siempre tiene un precio.

Lo último que yo mencionaría es que definitivamente comprendieron al final lo dañino que son la basura y el plástico en el mar. El concurso de limpieza de la isla que ustedes patrocinaron los puso dentro de contexto cuando vieron la cantidad de basura, que resultó ser una enorme pila de desperdicios, que se había acumulado en una isla tan pequeña; además de lo que llegó a las playas el siguiente día. Hablamos a profundidad sobre los plásticos en clase, y decidieron hacer una campaña de concientización en el campus. Organizaron la campaña en su cafetería uno de los últimos días de clase, e invirtieron un gran esfuerzo en ella.

Me parece que le gusta trabajar con estudiantes de Zamorano.
Ver su pasión y compromiso con el aprendizaje fue algo completamente nuevo para mí. Aquí en Centroamérica no es como en el Reino Unido, Estados Unidos o Europa, donde las personas van a la universidad porque eso es lo que hay que hacer; sino que los alumnos parecen venir a Zamorano porque genuinamente desean una educación y quieren obtener conocimientos.

Durante nuestra estadía en Utila también demostraron que son buenos trabajando juntos y en grupo. Se ayudan unos a otros: los que son mejores en algo les ayudan a aquellos que tienen mayor dificultad. Por ejemplo, cuando llegaron los veintiún alumnos, una tercera parte de ellos definitivamente no podía nadar muy bien. Usted y yo, y el equipo les estuvimos enseñando, pero igualmente lo hicieron los otros estudiantes. Y usted vio cómo César y Vilma, que habían estado con nosotros en sus pasantías al principio del año, dedicaron mucho tiempo a los estudiantes menos experimentados, enseñándoles la manera de usar el equipo para esnórquel, cómo recolectar datos e identificar especies, e incluso la manera de tomar notas de manera efectiva para identificar especies más adelante. Poder trabajar como equipo es algo que les va a servir el resto de sus vidas.

¿Qué planes hay para Zamorano y UCME?
Pues definitivamente impartiremos el curso a los estudiantes de cuarto año de DSEA en 2010, y tenemos un alumno de pasantía que se nos unirá este enero. Casi una docena de estudiantes estaban interesados en venir, pero tenemos una capacidad limitada para recibirlos en este momento. Hemos tenido un programa de voluntariado para turistas, en el que los extranjeros pagan una cuota y se quedan con nosotros por cuatro semanas. Los capacitamos en recolección de datos científicamente sólidos y en buceo, y trabajan en varios de nuestros proyectos. Esto ayuda a financiar nuestro trabajo y subsidia la estadía de los alumnos de pasantía. Desafortunadamente, el programa recibió un severo impacto por los sucesos del 28 de junio en Honduras y el resultante colapso de la industria turística, y aunque vamos a lograr continuar el programa de voluntariado más adelante en la temporada, a medida que vuelva el turismo, la situación política ciertamente impactó nuestras labores a corto plazo. Afortunadamente habíamos logrado diversificar fuentes de financiamiento y expandir nuestros proyectos a áreas más nuevas; pudimos resistir la adversidad, y estamos listos para un emocionante 2010.

Mientras tanto, estamos desarrollando otros proyectos en los cuales esperamos que los estudiantes de Zamorano puedan trabajar con nosotros. Uno de ellos es Pescado Justo, compañía que acabo de fundar, y que busca vincular a los pescadores con el consumidor final. La idea no es sólo la sustentabilidad de los recursos pesqueros, sino también de las comunidades pesqueras. Uno de los objetivos de Pescado Justo es demostrar que es posible modificar las cadenas de mercado. Los hoteles y restaurantes ya han expresado mucho interés porque irónicamente tienen que comprar ya sea pescado de calidad deficiente, procedente del sur, o pescado importado; porque el mejor producto del país se exporta.

Estamos buscando la manera de que los estudiantes de Zamorano trabajen con nosotros; digamos, para mejorar el transporte y empaque, de manera que el pescado llegue rápido y en buen estado. O bien, los alumnos pueden trabajar con nosotros en el área de desarrollo empresarial, o en el trabajo de proyección con chefs y consumidores, o la capacitación de pescadores. Podrían ser de cualquiera de las cuatro carreras, dependiendo de la parte de la cadena de abastecimiento en la que deseen enfocarse.

¿Alguna otra cosa que le gustaría agregar?
Muchos de los alumnos de Zamorano que estudian con nosotros expresan interés en continuar aprendiendo acerca de la ecología marino-costera, y tienen la intención de desarrollar su profesión en áreas relacionadas con la ciencia, política pública, y conservación. Estos estudiantes podrían convertirse algún día en los expertos que sus países necesitan para salvar sus pesquerías, comunidades costeras, y biodiversidad marina; y eso me llena da esperanza.

Zamorano no podría crecer sin el apoyo de personas e instituciones que creen en nuestra misión. Para conocer más sobre nuestros programas y cómo usted puede ayudar, por favor póngase en contacto con:

Arie Sanders
Director de la Carrera de
Desarrollo Socioeconómico y Ambiente
asanders@zamorano.edu
(504) 9914-1579

Mary Ellen Flather
Directora de Desarrollo Institucional,
Oficina en Washington, D.C.
meflather@zamorano.edu
(202) 461- 2242