En 2009, los alumnos de cuarto año de la carrera de Desarrollo Socioeconómico y Ambiente (DSEA) tomaron un curso intensivo de tres semanas sobre Manejo de Recursos Marino-Costeros. Esta clase, impartida por el Dr. Steve Box, instructor especial de Zamorano y fundador del Centro para la Ecología Marina de Utila, se divide en un periodo de dos semanas completas de jornadas de clase y talleres en el campus de Zamorano, y una tercera semana de aprendizaje práctico “en el campo” o, en este caso, en un pequeño cayo de la costa norte de Honduras.
En las primeras dos semanas, los alumnos estudiaron conceptos y componentes fundamentales de los sistemas acuáticos costeros, con enfoque en la ecología de los hábitats de arrecifes coralinos, lechos de pastos marinos, y manglares. Aprendieron acerca de la biología, y su interconexión con la salud y bienestar de especies importantes, incluyendo “elementos comunes del menú”, tales como el mero, el caracol y la langosta; la mega fauna marina, como el tiburón-ballena y las tortugas; y en el otro extremo de la balanza, la microfauna y los organismos simples, tales como las dominantes y cada vez más problemáticas macro algas. Los estudiantes utilizaron diferentes marcos conceptuales para analizar los ecosistemas costeros en cuanto a biodiversidad, bienes y servicios, explotación de recursos, estabilización climática, valor de desarrollo, riqueza genética y belleza natural. Los alumnos pasaron una cantidad significativa de tiempo discutiendo acerca de los aspectos económicos, políticos y prácticos para manejar tales ecosistemas, además de que participaron en ejercicios en los que pudieron operar software industrial estándar para modelos, herramientas de simulación, y otra tecnología utilizada por investigadores y politólogos para estudiar y manejar estas complejas áreas y recursos.
En la tercer semana, los estudiantes viajaron a Little Cay, una pequeña isla de propiedad privada al sur de Utila, en Islas de la Bahía, y se reunieron con instructores del Centro para la Ecología Marina de Utila (UCME) para realizar una práctica de Aprender-Haciendo. Durante seis días, los alumnos participaron en diferentes actividades acuáticas, y ejecutaron experimentos e investigación de campo, orientados a obtener conocimiento práctico y comprensión de la ecología marina y el manejo de las zonas costeras. Aprendieron a nadar con esnórquel (de hecho algunos de ellos aprendieron a nadar); a hacer mapeo de terreno subacuático; a identificar, muestrear, y hacer inventario de especies usando varios métodos, entre ellos el transecto o transversal; a reconocer e identificar los impactos de la temperatura, viento, olas, y clima, en diferentes micro hábitats; y a identificar y predecir el impacto de los cambios causados por actividades humanas, incluyendo la pesca, contaminación, turismo, y desarrollo.
El curso fue un éxito contundente. Tanto Steve Box como el director del departamento de DSEA, Arie Sanders, dieron una alta valoración al nivel y calidad de participación por parte de los estudiantes, incluyendo los informes que prepararon al concluir su semana en Utila. A su vez, los alumnos calificaron el curso de estudios costeros como una de sus más satisfactorias y valiosas clases. En este momento ya se están haciendo planes para ampliar y mejorar el programa para el año entrante; en particular agregando más actividades relacionadas con pesquería y con la población local, y más trabajo de laboratorio sobre química oceánica.
“¡Fue increíble!” dice Ninfa Ardón (hondureña), con esnórquel, visor y aletas en mano, mientras se sube a la lancha de buceo. Acompañada por el instructor guía, el Dr. Steve Box, Ninfa acaba de nadar sobre una superficie escarpada donde el coral desaparece de la vista hasta una profundidad de 200 metros. Literalmente nadó sobre un acantilado. Ninfa sonríe ante la idea: “¡nunca había tenido tanto miedo! No puedo creer que acabo de hacer esto.”
Ninfa, una de las 24 estudiantes de último año de la carrera de Desarrollo Socioeconómico y Ambiente (DSEA) en Zamorano, fue también una de las alumnas y alumnos que apenas podían nadar cuando llegaron a Utila. Algunos estudiantes que nunca habían nadado antes tomaron clases en el campus antes del viaje; otros sabían cómo nadar pero nunca habían estado en el mar; otros nunca habían estado en una embarcación; y para la mayoría de los estudiantes que asistieron, lo más cerca que habían estado de un pez había sido cuando lo habían tenido en un plato. “Mi gente es de la etnia Garífuna, y tenemos una fuerte relación histórica con el océano”, relata Nestor Guity (hondureño). “Yo crecí cerca del mar, pero siento decir que antes de tomar este curso yo no comprendía mayor cosa acerca de la vida bajo el océano.”
La clase de estudios costeros de Zamorano es el primer curso que se ofrece en Honduras sobre manejo de zonas costeras tropicales. Zamorano, durante mucho tiempo líder en educación universitaria, se ha especializado en ciencias agrícolas y de los alimentos, uso sostenible de recursos naturales, conservación ambiental, y reducción de la pobreza. El programa de estudios costeros incorpora elementos relacionados con todas estas áreas, y utiliza la afamada metodología de “Aprender-Haciendo” de Zamorano. “Estuvimos ahí y vimos de cerca peces preciosos, esponjas de mar, y corales”, explica Michelle Sabillón (guatemalteca). “También observamos la decoloración del coral, mucha basura producida por los humanos, y contaminación y algas que están fuera de control. Yo no creo que antes de ver eso realmente entendía cuántos problemas tiene el océano.”
Vilma Zúniga, hondureña, que hizo su pasantía (práctica profesional en el último año de la carrera) trabajando y estudiando con UCME (ver artículo), entiende particularmente bien la necesidad de este tipo de programas educativos. “Nosotros los hondureños no sabemos mucho sobre nuestros océanos, lo que contienen, por qué los necesitamos, y cómo podemos seguir usando sus recursos de forma sostenible. Tenemos que entenderlos mejor, y cambiar la forma en que hacemos las cosas; de otra manera, nada quedará.”
En Honduras, la falta de información esencial acerca del océano es particularmente aguda. No hay estadísticas confiables respecto a cuántos mariscos pescan los hondureños en el mar cada año, cuánto se consume en el país, o qué porcentaje de la población depende de los océanos para subsistir. Una de las pocas estadísticas disponibles indica que en 2006 la línea costera del sur produjo 6.2 millones de libras de mariscos para el mercado nacional. Desafortunadamente no existen estadísticas comparables para la costa norte, y esta cifra tampoco indica la diferencia entre mariscos cultivados y mariscos pescados en el océano.
Los Zamoranos están dando ahora los primeros pasos para convertirse en los expertos oceánicos que se necesitan en Latinoamérica. Como explica Steve, “este curso está diseñado de manera que los estudiantes egresen con un entendimiento de los conceptos fundamentales de ecología marina, así como de los problemas y complejidades relacionadas con el manejo sostenible de zonas costeras”. Arie Sanders agrega: “nuestro objetivo al diseñar este curso era dar a los alumnos una introducción a los estudios costeros tan fuerte como el que reciben en el tema de manejo de cuencas o producción vegetal. Ahora tienen la base para seguir estudiando la ecología marina, o pueden empezar a trabajar en el campo de inmediato, y aplicar el conocimiento que obtuvieron aquí”.
Fue durante el curso de campo en Utila que los alumnos tuvieron que aplicar su conocimiento en el mundo real. Steve comenzó el primer día en Little Cay con un recorrido de la pequeña isla, hablando sobre la geología y la vida vegetal, el viento y las corrientes, e identificando distintos corales que componen las arenas de las playas. El resto del día se usó para aprender el uso seguro y adecuado del equipo de esnórquel, y para dar clases de natación a aquellos con menos experiencia en el agua. Los alumnos nadaron en parejas en todas las ocasiones, y los menos experimentados “se juntaron” con aquéllos que tenían más práctica.
Las mañanas comenzaban casi siempre con una conferencia de Steve, después de la cual los estudiantes se dividían en tres grupos, cada uno de los cuales era acompañado por dos o tres instructores. Todos los alumnos tenían que crear un mapa completo de los diferentes micro-hábitats que rodean la isla, incluyendo anotaciones detalladas sobre el tipo y densidad de las especies encontradas. Utilizaron transectos y cuadrados para muestrear densidades de población, y aprendieron a escribir y dibujar bajo el agua usando lápices y tableros especiales.
Durante el almuerzo y al final de la tarde, los alumnos con frecuencia se agrupaban alrededor de guías y mapas de especies para aprender a identificar de manera efectiva los corales, crustáceos, esponjas, y los 222 tipos de peces que se encuentran en las aguas de las Islas de la Bahía.
Cuando no estaban buceando con esnórquel en el área alrededor de Little Cay, los grupos de estudiantes hacían expediciones para nadar cerca de los manglares y lechos de pastos anguila, practicar el nado con esnórquel en aguas profundas en un sitio popular de buceo, y navegar en busca de ballenas y delfines. Para Baleshka Brenes (nicaragüense), una de las experiencias más destacadas fue nadar a lo largo de las orillas de los manglares. “El agua se veía sucia, pero sabíamos que donde estábamos nadando todo era material orgánico. Mirar entre las raíces y a través del agua turbia, y observar los bancos de pececillos, realmente nos dejó grabado que los manglares son criaderos para una gran parte de los seres vivos en el océano”.
Un concurso de recolección de basura organizado la segunda noche de la visita enfatizó el impacto de las actividades humanas en el ambiente marino. En 45 minutos, los estudiantes habían limpiado la mayor parte de Little Cay y habían llenado más de una docena de bolsas de basura con desperdicios. Se ofrecieron premios por la mayor cantidad de basura, los restos más pequeños que pudieran recolectar, y el artículo más extraño que encontraran: en este caso, un panel solar. Algunos alumnos se sorprendieron al día siguiente al ver cuánta basura había vuelto a depositarse en la playa. Esto estimuló una animada explicación matutina acerca del viento y las corrientes marinas, así como del vergonzoso Gran Parche de Basura, un inmenso remolino de basura, producida por los humanos, que se encuentra en el Océano Pacífico, y que según se les explicó supera en muchas veces el tamaño de Honduras. “El parche de basura produce bastante miedo” dice Lena Salazar (boliviana). “Pero pienso que necesitamos enterarnos de estos problemas a nivel global para poder actuar de mejor manera en nuestras comunidades de origen.”
Los estudiantes también tuvieron visitantes sorpresa una noche: las tortugas de un nido en Little Cay que salieron del cascarón, y fueron atraídas por las luces de las casas. Gerardo Montes de Oca, quien había hecho su pasantía en Brasil, trabajando con tortugas marinas, dirigió el trabajo para recoger a las crías y liberarlas en el océano. “Esto demostró cómo las poblaciones humanas deben realizar acciones para coexistir con otras criaturas”, explica Jackie Vilchez (peruana). “Si no hubiéramos estado en la isla, la luz no habría estado encendida, y las tortugas se habrían dirigido al mar, como se supone que deben hacerlo.”
El último día, los estudiantes visitaron un área de vivienda, desarrollada como alojamiento económico para migrantes de tierra firme que trabajan en la construcción y otros trabajos que mantienen la industria del turismo “barato”. Aunque habían estudiado los impactos del turismo y el desarrollo, a muchos de los alumnos les impresionó el daño provocado al ambiente, y las deficientes condiciones de vida de la comunidad.
Durante una semana de auto-desafío físico y mental, en un ambiente nuevo y emocionante, los estudiantes reafirmaron sus habilidades y fortalezas. Como Steve hace notar: “una de las cosas que más me impresionó fue su habilidad para trabajar en equipo, resolver problemas, y cuidar unos de otros. También admiro lo dispuestos que la mayoría de ellos estaban a desafiarse a sí mismos”. Zamorano valora la formación del carácter y el crecimiento personal, tanto como el aprendizaje académico y práctico, y el curso de campo de estudios costeros ofreció oportunidades para todo lo anterior. Ninfa, que no sólo “nadó sobre un acantilado”, sino que aprendió a sostener la respiración y sumergirse para acercarse más a los peces y los corales, lo dice de esta manera: “hay cosas que te limitan si no las intentas; pero si aprendes a superar tus miedos puedes tener más éxito en tus metas en la vida. Esto me enseñó el curso de estudios costeros, y esto es lo que enseña Zamorano; por ello soy una mejor persona”.
Zamorano no podría crecer sin el apoyo de personas e instituciones que creen en nuestra misión. Para conocer más sobre nuestros programas y cómo usted puede ayudar, por favor póngase en contacto con:
Arie Sanders
Director de la Carrera de Desarrollo Socioeconómico y Ambiente
asanders@zamorano.edu
(504) 9914-1579
Mary Ellen Flather
Directora de Desarrollo Institucional, Oficina en Washington, D.C.
meflather@zamorano.edu
(202) 461- 2242
















Hola, ¿puedo hacerles una pregunta? Me interesa mucho ese viaje que hicieron, parece muy divertido y emocionante, y además de eso puedes aprender muchas cosas nuevas. ¿En qué carrera de la universidad se organizan esos viajes?
Saludos!
Juan, creador de Como vender en internet.
Estimado Juan
Esos viajes son parte de la giras educativas que realizan nuestras carreras, en esta casose trata de un curso o taller intensivo en estudios costeros organizado por la Carrera de Desarrollo Socioeconómico y Ambiente en la isla de Utila al norte de Honduras.
Webmaster.
Qué lindos viajes que organizan ustedes. Yo una vez fui de viaje al Caribe e hice algunas de las actividades que mencionan. Ahora estoy viviendo en Estados Unidos y he puesto una tienda de alfombras llamada Paradise Oriental Rugs, con el dinero que estoy juntando en esta tienda espero que me alcance para volver otra vez y hacer algunas de las actividades que se mencionan.
Saludos!
Penny