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La Educación es una Inversión que Paga y Cambia la Vida

Historia de Abelino Pitty

El Dr. Abelino Pitty es profesor pleno del Departamento de Ciencia y Producción Agropecuaria en ZAMORANO, graduado de la clase 74. Él es también jefe editor de la revista científica Ceiba. El Dr. Pitty compartió sus orígenes, cómo llegó a ZAMORANO, su experiencia de estudios de posgrado y algunos consejos para la comunidad estudiantil. 

¿De dónde viene, Dr. Pitty? ¿Cómo llegó a ZAMORANO?

Soy de Panamá. Vengo de una familia de 3 hijos, una hermana, un hermano (egresado de ZAMORANO de la clase 77) y yo soy el mayor. Mi papa trabajó casi toda su vida en la bananera Finca Blanco de Puerto Armuelles, desde 1946 a 1979. Nací en un hospital de la bananera que fundó Samuel Zemurray. Fui a la escuela primaria que en un tiempo era también de la bananera. Al terminar la escuela primaria, papá me mandó a estudiar a la ciudad de David en Panamá con mi abuela. Allí estuve 6 años, durante el colegio. Siempre pensado “¿qué voy a hacer después?” Plata no había para ir a la universidad y en ese tiempo no habían tantas universidades como ahora. De hecho, para ir a la universidad había que ir a Ciudad de Panamá.

Un viernes en la mañana durante el recreo, estaba hablando con mi compañero de colegio Nestor Morales, quien me decía, “mañana voy a ir a hacer un examen de admisión para ir a ZAMORANO,” “¿qué es eso?” le pregunté, “una universidad en Honduras que da becas para estudiar agricultura,” me contestó. Yo sabía que no había plata para ir a estudiar a la universidad entonces le dije, “yo voy a ir a hacer ese examen”. Costaba 10 dólares. Yo vendía lotería*, así conseguí la plata. Hice el examen. Néstor y yo lo pasamos y nos dieron la beca. Nos venimos a estudiar a ZAMORANO, nos graduamos en el 74 y empezamos a trabajar con el Banco Nacional de Panamá. Y yo siempre estudiaba pero también pensando “hay que estudiar porque yo no quiero ser como papá.” Papá no estudio, bueno, llegó hasta segundo grado. Él siempre estaba pendiente de nuestro estudio, con limitaciones, él nos pagó hasta donde pudo. Me contó papá que le gustaba eso de estudiar. Mi abuela no lo mandó a la escuela, él fue a la escuela porque él quiso. De niño, papá trabajaba en el campo, allá donde no hay ni carretera para llegar, le pagaban por hacer cosas con el azadón. Un día él dijo, “voy a ir a la escuela,” compró un cuaderno, un lápiz y una bolsa para meterlos y se fue a la escuela. Allí aprendió a leer y a escribir. No pasó de segundo grado por un accidente que tuvo con un machete, se cortó dos dedos. Yo sabía que tenía que estudiar porque la vida era difícil.

¿Cómo logró seguir con sus estudios después de ZAMORANO?

Mientras trabajaba con el Banco Nacional de Panamá recibí una oferta de beca de ZAMORANO para continuar mis estudios (yo tenía buenas notas). Una compañía del estado de la Florida apoyó a ZAMORANO para mandar estudiantes a Estados Unidos y finalizar el pregrado (en ese tiempo ZAMORANO solo era de tres años, graduaba a estudiantes cómo técnicos en Agronomía). Tenía otra beca complemento de la corporación bananera para terminar mi licenciatura. Papá seguía trabajando en la bananera, y en mis vacaciones iba con él a trabajar.

Cuando terminé de estudiar, encontré trabajo en la compañía bananera en Changuinola, Panamá; trabajaba en investigación. Yo me decía, “yo tengo que seguir estudiando una maestría,” entonces apliqué a un programa de posgrado y conseguí que la bananera me diera un préstamo para estudiar. Me fui.

 El primer trimestre yo pagaba todo, pero después mi profesor consejero, terminando el primer semestre, me dijo que me apoyaría. Cuando nos veíamos en el pasillo me preguntaba “Abelino, ¿cómo te va en las clases?” “yo creo que estoy bastante bien,” le decía. Eventualmente me llamó, “Aquí está, tienes ayudantía” [ayudantía es un sistema de beca en la que el estudiante recibe ayuda económica para pagar sus estudios mientras participa en actividades de enseñanza o investigación de la universidad]. Terminé la maestría en Iowa State University, busqué trabajo pero no apareció.

 Antes de eso el profesor me había dicho que me iba a seguir ayudando para el doctorado, pero murió, fue un cáncer de esos que te acaban en meses. El profesor que quedó me aceptó para el doctorado, entonces seguí el doctorado. Cuando terminé el doctorado, allá por el 78, pensaba, “y ahora ¿qué hago? hay que buscar trabajo, ¿Panamá? no, en Panamá no hay nada,” era en  tiempos de Noriega, la gente se estaba yendo de Panamá. La economía estaba malísima.

Cuando yo estaba en Iowa State University terminando, llegó Simon Malo,  que fue el antiguo director de ZAMORANO, yo lo había conocido en la Florida cuando estudiaba allá y él era investigador en una estación experimental. Él llegó a Iowa, nos saludamos y estuvimos hablando. A los meses, me llama al teléfono del departamento, una secretaria recibe y me ponen en mi casillero “le llamó el Dr. Simón Malo, que lo llame”. Llamé a Simón Malo, “¿qué tal Abelino?” “Bien,” le respondí. “Mira Abelino, tengo un trabajo para ti, necesitamos un fitopatólogo,” “pero doctor yo ya no estoy en fitopatología, (que era lo que yo había estudiado en la Florida) ahora estoy en malezas, pero sé que hay otro  trabajo en malezas” yo no sé cómo me había enterado, “ah ¿sí?” repuso, “si, hay un trabajo en manejo integrado de plagas” seguí. “Bueno, yo voy a hablar con el director del programa”. Vine a ZAMORANO, me entrevistaron, me ofrecieron el trabajo y aquí estoy todavía. El 29 de marzo cumplí 29 años de estar trabajando aquí.

Estudiar es una manera de progresar, uno mira como fue la niñez y no digo que no fue feliz porque es diferente a la niñez que ahora tienen. En el campo bananero nosotros éramos libres, había un gran campo para jugar futbol y baseball. No había tanto problema como hoy en día.

¿Qué cambios ha visto en ZAMORANO?

ZAMORANO ha cambiado, nunca se mantiene estático. Cuando empezó con Wilson Popenoe, uno no tenía que haber terminado el colegio, después sí tenía que terminarlo. No había mujeres, ahora hay mujeres. Antes eran tres años, ahora son cuatro, y ahora va a venir la maestría.

Anteriormente había más trabajo físico, pero ahora los estudiantes salen mejor preparados académicamente. Yo pasé todas las mañanas durante un mes sacando piedra del terreno donde está el pivote, San Nicolás se llamaba en ese tiempo y no había pivote. Ahora los estudiantes no hacen eso pero aprenden más cosas que las que yo aprendí. Ahora hay más clases, clases que yo no recibí. Al agregar más clases es inevitable tener que recortar el tiempo de trabajo.

¿Qué consejo le daría a la población estudiantil?

Aprovechen su tiempo en ZAMORANO. Si la regla dice “no llegue tarde a clase,” no lleguen tarde. Si la regla dice “no use celular en clase” no usen celular en clase. Eviten irse por faltas.

Aprovechen la inversión económica que están haciendo aquí. El estudio paga. ¡Estudien! Alguien decía, “el estudio nadie te lo puede quitar”. Si tú tienes plata y luego viene un gobierno y te dice “no, ahora esto es de todos,” pero ¿y el estudio? Nadie me lo quita.

¿Por qué dejó su seguro de vida a ZAMORANO?

En mi caso, alguien pagó por todos mis estudios (beca de ZAMORANO, beca en el estado de la Florida, ayudantía en Iowa State University) y ahora yo quiero apoyar a jóvenes estudiantes de ZAMORANO. Si alguien no hubiera pagado mis estudios yo tendría que haber trabajado más tiempo empacando bananos.

Hay mucha gente que necesita y va a necesitar el dinero. Lo malo es que mientras yo no me muera nadie se beneficia. No tengo esposa o hijos, entonces quiero que mi dinero se quede aquí. Quiero que sea como un fondo dotal, que se utilicen los intereses que genera y que el capital se mantenga. El fondo lo puse para estudiantes panameños.

 El dinero se le dará a alguien de tercer año o cuarto, estudiantes que ya saben lo que les gusta y ya están encaminados. La educación es una inversión que paga y cambia la vida, ese fue mi caso.

                                                                                ***

*La versión anterior de esta entrevista detallaba que el Dr. Pitty era “chiclero” (vendedor de goma de mazcar) durante su secundaria, pero gracias a la corrección del mismo Dr. Pitty, nos enteramos de que lo que debía leerse era “chiquero” (vendedor de lotería) como popularmente se dice en Panamá [22 de mayo 2017].

3 Comments

  1. P. Adolfo dice:

    Interesante historia la de Abelino, la cual es similar a la de muchos(as) que hemos logrado culminar no solo estudios en Zamorano, sino en otros centros educativos nacionales e internacionales.

    Creo tambien que la educacion paga, especialmente cuando hemos sido privilegiados con becas, como tambien ha sido mi caso.

    Por ultimo, considero loable el haber heredado su seguro de vida a Zamoranos en beneficio a sus compatriotas Panameños.

    Saludos

  2. Luis Barniol - Clase 72 dice:

    Abelino eres un CAMPEON

  3. Guillermo Cerritos- Clase 86 dice:

    Un privilegio haber trabajado con el Dr. Pitty cuando empezábamos algunos agrónomos de la clase 86 a trabajar como extensionistas-investigación en el Proyecto MIPH EAP/AID haciendo ensayos en fincas de agricultores pequeños en los departamentos de Olancho y El Paraíso en 1987 cuando el llegó a Zamorano, un orgullo Doctor para quienes coincidimos con su llegada y después gracias a una Beca del BID pude entrar a 4to año en Fitoprotección y recibimos clases en cuarto año con certeza de herbicidas aprendimos los conceptos básicos que 30 años despues siguen vigentes.

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