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El Zamorano que se Enfrenta a los Lugares más Extremos del Mundo


Millán Ludeña, zamorano de la clase 2005, es una de las 14 personas en el mundo que ha corrido más de 100 kilómetros en el lugar más caliente y en el más frío de la Tierra. Son logros que hablan mucho sobre la capacidad mental de este individuo, pero lo que aprendió sobre sí mismo fue aún más admirable.


Millán no terminaba de entender lo que su experiencia estudiantil en ZAMORANO significó hasta que concluyó su carrera de 160 kilómetros en la Patagonia, Argentina. Allí se enteró de que para descubrirse a sí mismo debía enfrentar a sus miedos, y fue precisamente eso lo que ZAMORANO le enseñó.

De adolescente, se graduó de un colegio militar y cuatro años más tarde, Honduras le estaría recibiendo para unirse a la familia zamorana. Millán quería ingresar a ZAMORANO inmediatamente después de graduarse del colegio pero al no contar con los suficientes recursos, no lo logró. Aplicó tres veces para una beca pero le ofrecían una cobertura parcial. Mientras tanto, Millán había resuelto estudiar paralelamente ingeniería en Estadística Informática en una universidad nacional. Estando en el cuarto y último año de su carrera en el Ecuador, con determinación aplicó nuevamente para una beca en ZAMORANO y un día, cuando iba camino a la universidad para rendir exámenes finales, recibió la llamada de la oficina local de la Asociación de Graduados de ZAMORANO en Guayaquil (AGEAPLE) ofreciéndole el 100% de la beca con la condición de integrarse a la universidad en una semana. Inmediatamente Millán se bajó del autobús en el que viajaba y lo cambió por uno que lo llevaría de regreso a casa para contarles a sus padres la gran noticia. Hizo una colecta entre sus familiares para comprar el primer pasaje hacia Honduras. Millán, de 22 años, iniciaba un viaje que le sumergiría en un mundo de retos.

“Escogí la carrera de Agronegocios y me encantó” comenta Millán, le gustaban los números y la estadística, sus estudios previos ciertamente le venía bien. Él recuerda que ZAMORANO le habló de la importancia del liderazgo y que para un zamorano debería ser inconcebible no visualizarse aportando a sus comunidades. Llegó el día de la graduación y recibió su título con todos sus compañeros de la clase 2005. Un sueño cumplido.

Regresó a Ecuador y empezó a trabajar. Colaboró con TEXCUMAR, empresa pionera en mejoramiento genético del camarón, liderada por el zamorano Rafael Verduga, clase 1988. Hoy, uno de cada dos camarones exportados por el país nacen en esta empresa.

Con la partida de Juan José, entendí lo efímera que es la vida y más nos vale que empecemos a aprovecharla.

En el ZAMORANO, Millán fue compañero de cuarto de Juan José Castelló, clase 2006, con quien tuvo el sueño de iniciar una empresa productora de cacao orgánico. Millán esperaría a que su mejor amigo se graduara para iniciar el proyecto en el país; desafortunadamente, seis meses después de graduarse, Juan José falleció en un accidente automovilístico, marcando el nuevo curso de vida de Millán.

“Con la partida de Juan José, entendí lo efímera que es la vida y más nos vale que empecemos a aprovecharla”, comenta Millán. El fallecimiento de su amigo desencadenó preguntas serias sobre el sentido de la vida, miedos, retos, límites y propósitos que a través de los años iría explorando de una manera más profunda.

Junto a la familia de Juan José, Millán colaboró en la creación de un centro de enseñanza que replicaría el sistema educativo de ZAMORANO en la misma propiedad donde soñaron ejecutar el proyecto de cacao. Presentaron la propuesta de esta unidad educativa al gobierno ecuatoriano y su alma mater y fue aceptada. El centro, que educa a más de 300 jóvenes de zonas rurales en el país, es un internado donde los estudiantes se preparan para recibir el título de técnicos agrícolas y los fines de semana visitan sus casas para ayudar en las tareas productivas familiares. Al finalizar los estudios, los jóvenes pueden optar a aplicar a ZAMORANO. Millán estaba convencido de que la educación es un factor fundamental en el proceso de desarrollo de una nación.

Él deseaba continuar su formación en el ámbito de los negocios y decidió tomar acción al respecto. Aplicó para estudiar su MBA en el INCAE Business School. Aprovechando el convenio entre ZAMORANO e  INCAE, el cual consistía en financiar los estudios de un graduado de ZAMORANO, por país, por año. Aplicó a la beca. No lo consiguió hasta su segundo intento. Una vez graduado del INCAE se reintegró a la unidad educativa fundada en honor a su amigo.

Después de un tiempo, Millán notó que su misión en la fundación había terminado, la obra podía caminar por sí misma y brindar educación agrícola a jóvenes con sueños de cambiar a sus comunidades para bien. Era el momento de dar el siguiente paso.

Millán se mudó a Quito y se vinculó con el gobierno ecuatoriano como asesor ministerial en temas de energía renovable. Luego se integró a la Vicepresidencia de la República, como parte del equipo líder en la Estrategia Nacional para el Cambio de la Matriz Productiva.

Sufrí muchísimo, no entendía aún el tema del efecto de la altura y estaba allí, en medio de la nada, viendo cómo salir del problema en el que estaba metido.

Durante este tiempo en Quito, Millán conoció en detalle la belleza natural del Ecuador, mientras corría acompañado de paisajes llenos de volcanes, páramos, lagos, nevados, entre otros, que sencillamente lo dejaban impresionado. Sin darse cuenta, comenzó a correr más de lo que se había imaginado que era capaz, al punto que se inscribió por error en una carrera de 50 kilómetros.

La carrera era en montañas, “sufrí muchísimo, no entendía aún el tema del efecto de la altura y estaba allí, en medio de la nada, viendo cómo salir del problema en el que estaba metido.” La carrera duró 15 horas y, sorprendentemente, la terminó. Este episodio hizo que Millán se preguntará si luchar por aclarar dudas realmente hace que la persona crezca -se conozca a sí misma. Él logró algo que no sabía podía lograr, entonces se atrevió a explorar sus límites.

Busqué en el Internet ‘la carrera más difícil del mundo’ y me encontré con una que planteaba correr 240 kilómetros, en el desierto del Sahara.

Busqué en el Internet ‘la carrera más difícil del mundo’ y me encontré con una que planteaba correr 240 kilómetros, en el desierto del Sahara.” La carrera duraría seis días y lo único que podía llevar consigo era una mochila en donde llevaría toda la comida y material obligatorio para toda la semana. Ésta pesaba 10 kilos. “Me enteré que ningún ecuatoriano la había terminado y me propuse terminarla o, al menos, intentarlo”, comenta Millán.

La decisión implicaba coraje y a la vez mostraba un grado poco común de confianza. Serían nueve meses de entrenamiento desgarrador, literalmente. Para fortalecer sus pies, debía desarrollar cálices, “corría con zapatos muy simples y sin calcetines para que se me hicieran ampollas, porque sabía que éstas, al final del día, definirían si continuaría o no en carrera”. Millán entrenaba a su mente empezando con cosas simples como el aprender a rechazar el placer de una bebida refrescante en un día caluroso. “Diseñaba rutas de entrenamiento en la que pasaba por diferentes tiendas, solo para mirar las bebidas frías y decidir no comprar una. En el Sahara, el agua es un mecanismo de hidratación; no es para refrescarte, por esto, tomaba agua tibia”. Incluso, escuchaba vallenatos, como renuncia a la música que le gustaba. Su preparación fue ardua; sin embargo, por el hecho de nunca haber experimentado el calor intenso del desierto, Millán solo podía imaginar lo que sería correr bajo la intensidad y la fatiga de altas temperaturas. “Yo solo quería que mi bandera ecuatoriana cruzara la meta final.

Llegó el día de la competencia, “en la línea de partida apuñé  mi bandera, cerré los ojos y empecé a escuchar mi himno nacional hasta que escuché el disparo de largada.” No todo salió como lo había previsto. En el primer día, sus pies se llenaron de ampollas. Al segundo día, los rescatistas tuvieron que cortar la piel de sus pies y vendarlo. “había corrido 80 kilómetros, faltaban 160 kilómetros y no sabía cómo iba a terminar la carrera”, recuerda Millán. El tercer día se levantó y dolorosamente siguió.

El cuarto día, por una equivocación –“coloqué una ración de proteína en el bolsillo de las pastillas de alcohol que usaba  para cocinar. El alcohol se volatilizó y la ración estaba intoxicándome. Tuve que botar la mezcla de alimento.”- descontó su porción para el resto de la carrera y eso le estresó mucho. Dos horas después, “vi en el camino a un alemán desplomarse frente a mí. Corrí a ayudarlo por instinto pero no pude, estaba muy débil y no lograba reaccionar. Llegó un corredor español y fue él quien disparó la bengala de evacuación de emergencia. Llegó un helicóptero y se llevó al alemán. Seguía sin saber qué hacer, me quité la mochila y me tiré al suelo a llorar”.

La carrera que para Millán inició como una competencia se había convertido en una carrera de supervivencia. “Apareció una francesa, me ofreció su mano para levantarme y me encaminó por un rato y así pude terminar la etapa”, cuenta Millán.

Llegó el sexto día, con un sistema nervioso exhausto e invadido de emociones, cinco kilos menos, ojeras, pies desgarrados y aferrado a su bandera ecuatoriana, Millán fue el primer ecuatoriano no profesional en terminar la carrera considerada por NatGeo como la más difícil del mundo.

Regresé a Quito y me propuse correr en el lugar más frío de la Tierra”.

Y como Millán se había propuesto enfrentar sus miedos y explorar sus límites, continuó divisando retos. “Regresé a Quito y me propuse correr en el lugar más frío de la Tierra”. Él no sabía qué era el frío, el verdadero frío; había nacido en la Costa. “Tenía claro que el éxito al enfrentarme a un lugar tan inhóspito dependía de calidad de mi estrategia”, por esto simuló un ambiente como el del Polo Sur. “Un día, viendo la película Rocky se me ocurrió entrenar en un cuarto frío. Allí simularía la temperatura, humedad y el ‘paisaje’ no cambiaría. Corría en una fábrica de hielo, acompañando al agua a que se haga hielo”, explica Millán.

A diferencia de su entrenamiento para el Sahara –donde el objetivo fue ir con la menor cantidad de grasa corporal- para la Antártida, Millán debía ir con sobrepeso de grasa, para mantener la temperatura de su cuerpo.

Antártida era un lugar mágico. “No había nada más que hielo y nieve, nunca oscurece durante seis meses, entonces mi cuerpo estaba trastornado”. Millán comparte que una persona normal consume aproximadamente 2,000 calorías por día, pero allí, él debía consumir 6,000 calorías/día para no bajar de peso.

Corrió 100 kilómetros durante 16 horas continuas, expuesto a -30 °C. Paró dos veces en el trayecto. La primera vez fue para ajustarse las botas; la segunda vez por una complicación en su rodilla, donde “estuve sin moverme quizá unos dos minutos, pero sentí que me congelé, literalmente. Cuando logré moverme, me prometí no parar nunca más hasta llegar a la meta. Estaba recién en el kilómetro 61”, y Millán lo cumplió.

Este joven ecuatoriano ganó el 4to lugar en la carrera de 100 kilómetros, en la Antártida y con esto, se convirtió en una de las 14 personas en el mundo que han logrado correr más de 100 kilómetros en el lugar más frío y el más caliente del planeta.

ZAMORANO me enseñó que El Trabajo Todo lo Vence y estar Al Servicio de las Américas

ZAMORANO me enseñó que El Trabajo Todo lo Vence y estar Al Servicio de las Américas”, expresa Millán con orgullo. “Ahora,  en mis tiempos libres, recorro el país compartiendo mis experiencias de vida con jóvenes y a empresas, inspirándolos a creer en lo extraordinario y  motivándolos a tomar retos”.

Y, como sospecha que esta búsqueda de límites será constante, ahora se pregunta: “¿Si ya corriste en el lugar más frío y más caliente por qué no unir el punto más profundo y cercano al centro de la Tierra, con el más cercano al Sol, en una sola aventura?

Así nace el nuevo desafío de Millán. Para esto, el 20 de agosto iniciará su travesía en el lugar más profundo del planeta, a 4,000 metros de profundidad, dentro de una mina de oro sudafricana, con temperaturas alrededor de 60 °C, humedad superior a 85% y limitadas condiciones de oxígeno y visibilidad —la temperatura en el Sahara era menor, de 56 °C. Al llegar a la superficie (luego de siete horas) volará inmediatamente junto a su equipo técnico hacia el Ecuador, donde iniciará el ascenso hacia el punto más cercano al Sol, en la cumbre del volcán Chimborazo (6,310 msnm).

Actualmente se prepara en las montañas de su país y simula las condiciones de la mina en un “baño turco” que simula alta humedad (98%), calor (46 °C) y oscuridad.

Esta aventura, jamás realizada en el mundo, será avalada por GUINNESS WORLD RECORDS y con esto Millán espera conseguir el primer Guinness deportivo para su país y, al parecer, el primero para ZAMORANO.

Esta es la historia de un zamorano que entendió que la vida es efímera y decidió enfrentar a sus miedos, logrando cosas que jamás imaginó y que ahora invita a otros a creer en lo extraordinario, a soñar, a luchar y, sobretodo, a vivir.

¿Cuál es tu sueño? ¿Qué tan lejos estás de cumplirlo?

Conoce más de Millán Ludeña y sigue las novedades de su nuevo proyecto en http://millanludena.com/ y sus redes sociales.

Facebook/Instagram: Millán Ludeña.

1 Comment

  1. Maritza Vera Vélez dice:

    Eres un gran tipo MIllán, me alegro de conocerte por ser compañero y amigo de mis hijos Rafael, Zamorano 2005 como tú y David, Comil. Muchas bendiciones en todo lo que emprendas.

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