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Laura Patiño: poner el corazón en los negocios no es una mala idea

Seguramente has escuchado que para tener negocios exitosos las decisiones deben tomarse sin involucrar emociones. Debes ser frío. Laura Patiño, clase 2005, nos cuenta una historia diferente.

De una familia desplazada por la guerra

“Era una época horrible donde se escuchaba que las bombas iban y venían, nuestra pueblo estaba siendo atacado por la guerrilla y por los paramilitares… ya habían secuestrado a muchas personas de la familia, teníamos que irnos”, recuerda Laura. De un pueblo cerca de Medellín, golpeado por la guerrilla en Colombia, Laura y su familia partieron a la ciudad gastándose todos los ahorros que tenían. Como desplazados, ella y su hermano Ricardo recibieron de la Fundación Nippon una beca completa para estudiar en ZAMORANO. En ZAMORANO lo tenían todo, pero su familia seguía como desplazada.

Llega la graduación, el conflicto se ha calmado

“Mi familia regresó al municipio… la mitad de Colombia estaba destrozada por la violencia”, explica Laura. Todos estaban mal. Su familia quería crear algo que generara un impacto. Los padres de Laura ya habían empezado a trabajar en proveer vegetales picados a un solo cliente. Al llegar Laura, quien estaba convencida de poder lograr más clientes, tomaron la decisión de trabajar duro por aquello que parecía tener futuro. Los amigos y vecinos se quedaron sin cuchillos y sin mesas, todos prestaban equipo para agilizar el trabajo de la naciente empresa, que en aquel momento incluso le llamaban “La Todo Prestado”.

La primera decisión más difícil de su vida

Al graduarse, Laura viajó al sureste asiático a colaborar en un proyecto de desarrollo, luego la Fundación Nippon le  ofreció una beca completa para estudiar en un programa de maestría en los Estados Unidos, pero ella rechazó la oferta. Laura comparte “[Del viaje] llego a Colombia a la realidad de vida de toda la gente. Mi familia todavía estaba en una situación muy difícil. En ese momento me tocó tomar la primera decisión difícil de mi vida.” Decidió que se quedaría apoyando el negocio de sus padres y trabajaría muy duro.

De las primeras utilidades surgen los primeros equipos

Al principio no tenían con que comprar lo que su negocio necesitaba, con la primera utilidad pudieron conseguir las primeras mesas y las primeras máquinas. El sencillo negocio que inició en el 2006 ahora es una mega fábrica de procesamiento de vegetales, Picados San Juan, que cumple con todos los estándares de calidad, le vende a multinacionales, cuenta con más de 50 empleados directos y beneficia a más de 400 agricultores que dependen de la empresa para vender su materia prima: los vegetales. La mayoría de estos empleados son madres cabezas de hogar y desplazadas de la guerra.

Laura comenta sobre el reto que presupone liderar una empresa cuyos requerimientos se vuelven aún mayores a medida que va creciendo: “al menos que la empresa haya pasado el punto de equilibrio, habrán días donde se tiene que escoger entre hacer las compras del supermercado o pagar nómina. Todavía me pasa, donde no alcanza para pagar quincenas y digo: bueno, no me paguen la mía que tengo que pagarle a 53 personas y la mía es la menos importante”.

Todo el que entra a su empresa entra a formar parte de una gran familia

La mayoría de las familias a su alrededor son desplazadas y esas son las familias que trabajan en la empresa. Somos una familia. Si alguien tiene una crisis, esa crisis es de todos.  A una trabajadora se le quemó su hija de tres años, “¡fue  un problema de todos!”, afirma Laura.

Empresarios le han dicho a Laura: “usted no es buena gerente porque piensa con el corazón. Usted le mete el corazón a sus decisiones”. Ella responde “a mi empresa sí le funciona, me ha ido maravillosamente, por eso tengo gente estable y  contenta.”

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