Sin abejas no hay agricultura, ni vida | Universidad Zamorano
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Sin abejas no hay agricultura, ni vida

Autor: Ricardo Díaz, M.Sc. en Apicultura Tropical, graduado clase 2015
ricardo15105@yahoo.com

“El uso intensivo de agroquímicos es la base del trastorno del colapso de las colonias, que es un fenómeno que pone en peligro la supervivencia de una especie clave para la biodiversidad en la tierra; Apis mellifera, y otros polinizadores como las abejas sin aguijón” -Meliponini

Aunque la polinización puede suceder por factores bióticos (organismos vivos) o abióticos (agua o viento), la gran mayoría de las plantas con flores dependen de los organismos vivos, principalmente de la polinización por insectos. Las abejas son los insectos que por excelencia participan en esta labor, por lo que poseen una gran importancia económica y ecología en los agroecosistemas (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación – FAO 2014). Según Estadística Agrícola del Servicio Nacional NASS / USDA  en conjunto con los miembros de la industria apícola de Estados Unidos de América, los ingresos de la polinización en 2012 se estimaron en $ 655.6 millones y fueron responsables de casi tres billones de dólares en frutas y vegetales producidas cada año (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos – USDA por sus siglas en Inglés 2014). Sin abejas no tendríamos alimentos, sin embargo, estos vitales insectos están en peligro a nivel mundial por causa de los plaguicidas neonicotinoides que aún se aplican en muchos países.

A finales del 2006 y principios del 2007, la comunidad apícola mundial conoció de un nuevo evento inusual. El trastorno del colapso de las colonias (CCD por sus siglas en inglés) es un fenómeno que tiene desconcertada a la comunidad científica y que pone en peligro la supervivencia de varias especies clave para la biodiversidad en la tierra: las abejas. Desde hace mas de una década se viene investigando la relación de los plaguicidas neonicotinoides con la rápida y preocupante disminución en las poblaciones de abejas a nivel global. A principios del 2018 la autoridad europea de seguridad alimentaria aseguró con mucha evidencia científica en mano que el uso de neonicotinoides sí representa un riesgo para las abejas tanto silvestres como domésticas.

A raíz de esta evidencia científica la unión europea consensuó eliminar de forma inmediata el uso de tres compuestos de la familia de los neonicotinoides: imidacloprid, clotianidina y thiametoxam, los cuales son ampliamente utilizados en diferentes cultivos en Honduras.

Una característica muy importante de estos plaguicidas es que son persistentes en el medio ambiente, lo que significa que pueden permanecer en el suelo durante varios años. Las plantas que crecen en suelos previamente expuestos a estos plaguicidas pueden absorberlos a través de sus raíces, ofrecerlo en el néctar de las flores y convertirlo en un peligro para las abejas.

Esta decisión tomada por la Unión Europea debe de ser considerada por otros países consumidores de agroquímicos. Estos agroquímicos son de uso diario en muchos de los cultivos de exportación y de consumo nacional: arroz, banano, calabacín, cebolla, cítricos, chayote, naranja, piña, tomate, plátanos, melón, sandía, pepino, papaya, y caña de azúcar, entre otros.

Tal como lo señalan las autoridades europeas, la salud de las abejas está relacionada con la biodiversidad, la producción de alimentos y la salud ambiental. En Honduras se encuentran mas de 450 especies de abejas entre las cuales existen 42 especies de abejas nativas sin aguijón. Estas especies son de gran importancia porque son los únicos polinizadores de más de 75% de la flora nativa de los bosques.

El saber que Honduras es un país rico en biodiversidad debe impulsarnos a evaluar el impacto de plaguicidas sobre la vida salvaje y la fauna nativa así como a ingeniar maneras de cómo asegurar la perpetuidad de estas especies que tanto nos benefician.

¿Estamos listos para vivir sin ellas?

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