Gases de Efecto Invernadero (GEI) en ganadería
17 enero, 2020

Incidencia de micotoxinas en materiales genéticos de maíz

Las investigaciones se generan desde la Maestría en Agricultura Tropical Sostenible MATS con asesores internacionales de universidades de prestigio. El programa impulsa publicar en revistas científicas, participar en conferencias y acceso a profesores líderes de programas de investigación y desarrollo.

Las micotoxinas; fumonisinas y aflatoxinas, causan severos problemas de salud, incluyendo trastornos digestivos, hepáticos y cancerígenos, por lo cual, está siendo estudiada la incidencia de toxinas en maíz, en una de las tesis de la Maestría de Agricultura Tropical Sostenible (MATS). 

Por: Jeimy Cabrera (MATS-ZAMORANO), Raúl Espinal (ZAMORANO)

Entre las décadas de 1960 y 1970 se desarrollaron nuevas tecnologías en la agricultura, algo que identificó la llamada “Revolución Verde”. La principal característica de dichas tecnologías estaba basada en una amplia utilización de insumos químicos para el control de plagas y enfermedades enfocadas en mantener la salud nutricional de los cultivos (Andreassen et al. 2019). Además, la década siguiente se caracterizó por la inserción de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) con tolerancia a herbicidas y plagas que atacaban dichos cultivos (Séralini et al. 2011).

Uno de los métodos modificados fue el desarrollo de variedades que se conoce como convencional de polinización abierta, con la ayuda de abejas, que luego fue sustituido por los materiales híbridos. Este último consiste en lograr la fertilización por medio de una línea de hembras a la que se le extrae la espiga y luego es fertilizada por otra línea de machos (Li et al. 2017). Como ésta, también surgieron otras mejoras tecnológicas aplicables a los cultivos. Estas modificaciones brindan una protección inherente a la planta contra patógenos, plagas y algunas condiciones adversas que se pueden presentar durante el crecimiento, madurez fisiológica y cosecha del cultivo (Dunfield y Germida,  2004).

La manipulación genética ha sido una ventaja en la agricultura, es una tecnología que sirve de mucho, pero tiene que ir acompañada de un cambio cultural en las prácticas de producción; de lo contrario es mejor utilizar variedades criollas, que bajo los sistemas convencionales de producción rendirán más que un material genético mejorado (Andreassen et al. 2019).

Por otra parte, los transgénicos se relacionan más con el cuidado de la planta para una mayor resistencia. Por ejemplo, a la planta se le introduce una bacteria o una molécula de un herbicida para que esta adquiera resistencia y así pueda tolerar ciertas plagas, y, por consiguiente, no se necesita aplicar químicos artificiales y se pueden aplicar sin ninguna restricción herbicidas que controlan eficazmente malezas de la misma familia que el cultivo (Bayo-Sánchez et al. 2001). Con estas mejoras genéticas se ha comprobado la reducción del uso de pesticidas y, de igual forma, el aumento en la productividad. El incremento en la disponibilidad de los alimentos no se relaciona con su distribución y la mitigación del hambre, implicando problemas socioeconómicos de mayor complejidad (Sherif et al. 2009).

¿Deben causar miedo las modificaciones genéticas realizadas en las plantas?

Hasta la fecha no se han encontrado evidencias científicas que relacionen los transgénicos con la aparición de patologías ya sea en humanos o en las plantas (Andreassen et al. 2019). La problemática se puede relacionar a dos factores: primero, el uso desmedido de químicos, y segundo, a las prácticas culturales. En el primer caso, se ha observado que el uso irracional de pesticidas en la producción agrícola está relacionado con la aparición de ciertas enfermedades. La continuidad de esta tendencia se debe, en primera instancia, al poco conocimiento sobre el uso de químicos de los actores del sector agrícola. Aunque los pesticidas han solucionado muchos inconvenientes en la producción agrícola, el daño es mayor si no se toman precauciones. El problema está en el uso de pesticidas y los residuos que puedan quedar tanto en los productos como en el ambiente.

El segundo caso, el de las prácticas culturales, está relacionado con los agricultores que en muchas circunstancias siguen los medios convencionales de producción y postcosecha en lugar de las recomendaciones específicas del maíz transgénico. Estas prácticas culturales, sea utilizada con o sin transgénicos, está vinculada a la aparición de hongos a partir de la madurez fisiológica del grano, y durante el almacenamiento del maíz. En este período de almacenamiento es cuando existe la probabilidad de que se desarrollen dos hongos comunes en el maíz: el Fusarium, que es el productor de la toxina fumonisina, y el Aspergellus, que produce aflatoxinas. Ambas toxinas se consideran causantes de problemas digestivos, hepáticos y cancerígenos, entre otros (Omotayo et al. 2019).

Actualmente, bajo la línea temática “incidencia y daño de plagas en granos almacenados, evaluación de mermas en plantas agroindustriales de procesamiento de granos, desde la Maestría en Agricultura Tropical Sostenible (MATS) se trabaja en el estudio de “Incidencia de Aflatoxinas y Fumonisinas en Granos de Maíz Almacenados, Masa y Tortillas”. Dicha tesis está siendo realizada en varios municipios del departamento de Lempira, Honduras; ya que, la principal fuente energética de alimentos se basa en el consumo de los derivados del maíz. A partir de esta investigación, resulta importante conocer la incidencia de micotoxinas en los granos destinados a consumo humano, especialmente el maíz que será transformado en tortillas. Sobre todo, porque la población que se ubica en los departamentos del Corredor Seco de Honduras es una de las más vulnerables a padecimientos causados por micotoxinas, razón que genera interés para contar con datos fidedignos, para implementar medidas de control para prevención de micotoxinas y disminuir los riesgos de la población.

Cabe mencionar que, la presencia de micotoxinas no siempre se relaciona con la modificación genética. Tanto un transgénico como un material criollo pueden desarrollar micotoxinas durante el almacenamiento, si los niveles de humedad no son los adecuados. En cambio, si se almacenan con un contenido de humedad apropiado (<13%) no tendrán problemas de toxinas fúngicas. Es la practica cultural del manejo de la humedad del grano lo que determina el riesgo de la incidencia de toxinas (Omotayo et al. 2019).

Cabe destacar, que, desde hace varios años, Zamorano participa a través de la Unidad de Fitomejoramiento y del Programa de Investigaciones de Frijol (PIF), en el estudio y análisis de tecnologías para la generación de materiales genéticos mejorados de maíz y frijol que respondan apropiadamente al ataque de plagas y enfermedades y que tengan una alta productividad. Tecnología que está disponible en las ciencias agrícolas y que está siendo expuesta a los estudiantes.

Referencias

Andreassen, Åshild; Brandtzæg, Per; Aasmo Finne, Merethe; Lorentz Holck, Askild; Jevnaker, Anne-Marthe; Junttila, Olavi et al. (2019): Final Health and Environmental Risk Assessment of Genetically Modified Maize 59122. In EJNFS, pp. 242–245. DOI: 10.9734/ejnfs/2019/v11i430169.

Bayo-Sánchez, Francisco; Baskaran, Sundaram; Kennedy, Ivan (2001): Ecological relative risk (EcoRR): another approach for risk assessment of pesticides in agriculture.

Dunfield E, Kari; Germida J, James (2004): Impact of Genetically Modified Crops on Soil- and Plant-Associated Microbial Communities.

Omotayo, Oluwadara Pelumi; Omotayo, Abiodun Olusola; Mwanza, Mulunda; Babalola, Olubukola Oluranti (2019): Prevalence of Mycotoxins and Their Consequences on Human Health. In Toxicological research 35 (1), pp. 1–7. DOI: 10.5487/TR.2019.35.1.001.

Séralini, Gilles-Eric; Mesnage, Robin; Clair, Emilie; Gress, Steeve; Spirox de Vendomois, Joel; Cellier, Dominique (2011): Genetically modified crops safety assessments: present limits and possible improvements.

Sherif, Sherif O.; Salama, Emad E.; Abdel-Wahhab, Mosaad A. (2009): Mycotoxins and child health: the need for health risk assessment. In International journal of hygiene and environmental health 212 (4), pp. 347–368. DOI: 10.1016/j.ijheh.2008.08.002.

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